viernes, 27 de abril de 2007

Si pudieras verme

6 de Marzo

Tuve miedo de dormirme. Tenía tanto sueño, pero no me animaba porque a la tarde había ido al cementerio. Ayer hubiera sido el cumpleaños de P. y sentí que tenía que ir al cementerio. Nunca había vuelto allá desde el día que murió... no quería.
Me parece tan raro...digo, el cementerio. El silencio y el sol que ya casi estaba por irse y todo vacío, la parte de arriba me pareció linda aunque sabía que era para los muertos. Lo que más impresión me dio fue el carrito para trasladar los ataudes, es de madera y metal opaco, viejo, oxidado. Por suerte (?) un policía me llevó hasta el segundo subsuelo pabellón 19. Iba sentada en esos autitos de policía de mentira (ambos, el auto y la police) y se encargó de dejarme bien clarito que una mujer sola, en los subsuelos, un lunes a esa hora de la tarde era casi un suicidio. Me acompañó y me esperó arriba. Un cuidador que tenía un brazo roto me ayudó a encontrar el nicho.
Nicho, que palabra horrible. filas y filas y filas de nichos.
"Restos o cuerpo entero?" me preguntó. Y qué se supone que tengo que decir? Yo hubiera dicho restos. Porque a nosotros sólo nos quedaron sus restos. Cuerpo entero (mentira).
Los pasillos estaban muy (demasiado) oscuros. "Y yo acá", pensé "parada frente a los muertos. Otra vez." El cuidador se tomó su trabajo en serio y cuando llegamos a donde estaba P. se agachó para leer el nombre. ALIBERTI, me dice. Y de nuevo, no lo pude creer. Yo ahí, vivísima, parada enfrente suyo y ella hace dos años y medio durmiendo en un cajón oscuro. Le dejé un pedacito de pentagrama de una canción de Charles Chaplin que se llama Smile y es muy linda. Como no tenía cinta para pegarlo lo enganché entre unas flores (secas) que alguien le había dejado. El policía me dijo desde arriba que suba por el ascensor y me llevó de nuevo hasta la puerta. Caminé mucho, después. Pensé en las claves las notas las figuras los compaces entrelazados en los tallos de esas flores. secas.

2 comentarios:

Juan Martin Zubiri dijo...

El cementerio tiene cosas raras y hermosas.

Hay en el de Florencio Varela, donde yacen los restos de gran parte de mi familia materna, una bóveda muy particular.

Es la de Adrianita: cuenta la historia que una niña falleció a la edad de 6 años. Hija de una familia muy acaudalada de la zona, Adrianita, se transformaría muy pronto en una leyenda, si querés sagrada...

La bóveda se irguió fastuosa e imponente y los curiosos (que quizá iban a visitar a sus fallecidos) miraban y observaban atónitos tal obra arquitectónica.

Algún día, vaya uno a saber por qué, alguien; por algún motivo pasó por allí y deseó, pidió o solicitó algo. Un deseo, un anhelo, un simple pedido a Arrianita una niña simple y muerta.

El deseo se cumplió por Adrianita, por azar, por Dios (?), por Alá o por quién sea. Este alguien recibió lo que anhelaba y necesitó devolverle a Adrianita, lo que ella había hecho por él. Un tierno osito de peluche fue dejado en la puerta como agradecimiento. Eso lo inició todo.

Hoy la bóveda, vieja, oxidada, pero nunca olvidada reboza de osos, cartas y notas de agradecimiento a esta nueva deidad del sur Adrianita.

¿Y si fue ella nuestro mesías? ¿Si verdaderamente concede lo que uno le pide? Quién sabe… Allí seguirá más viva en la muerte… Por siempre…

Anónimo dijo...

Excelente.
Supongo entender de que y quien hablas.


te kiero nena