jueves, 17 de abril de 2008

Noche 13. La mujer-pulpo

Muy a su pesar, ella tuvo que preparar los seis cafés. Se dirigió pesada hacia la máquina y colocó el café debajo de los molinillos, tiró de una palanca, prensó el café y limpió el exceso del mismo. Pequeños movimientos que a toda velocidad la hacían parecer estar manejando una máquina de alta complejidad. Con una rapidez animal tomó dos pocillos de cerámica con cada mano y continuó con el procedimiento. Una vez listos, quitó las tazas de café y las puso sobre la mesada, en frente mío. Segundo par. Esta vez más rápido. Yo fijaba la vista en los botones luminosos y palancas que accionaba. Colocó las dos tazas junto a las anteriores. Tercer par. Al correr la vista de la máquina, descubro que por debajo de su camisa se asomaban tentáculos negros. Eran varios. Comprendí que eso le permitía manejarse a velocidades increíbles. Con sus brazos de pulpo agarraba objetos sin siquiera mirarlos y los manipulaba como si en la punta de cada prolongación tuviera dedos. Procuré disimular aquel descubrimiento espantoso y continuar la espera con normalidad, pero cada vez que realizaba algún movimiento era inevitable fijar la mirada en sus otros brazos que parecían tener vida propia. Sentí escalofríos y un sudor frío en la frente. Deseaba imperiosamente levantarme del banquillo de un salto, poder salir corriendo y atravesar la puerta a toda prisa. Pero aquello era imposible. Sus tentáculos bailaban en el aire, parecían serpentinas flotando en el espacio, cada uno sus movimientos eran mal intencionados. Sabía muy bien que al darme vuelta para emprender la partida se deslizarían en silencio alcanzándome por detrás, me constreñirían con fuerza hasta dejarme inmovilizada, me dejarían sin aliento y sin poder escapar.
(advertencia n°2) ojito ojete…..hay gente que absorbe, ahoga y asfixia en silencio.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

sé, usted lo ha dicho. hay que tener mil ojos, a veces.

Anónimo dijo...

ay estás como en una etapa monstruistica, me encanta.
el 30 de abril te regalo un artefacto símil máscara de gas. O una caja para esconderte.

Anónimo dijo...

jajajja me muero. etapa monstruistica!
el proximo relato se llama the Fatty. soñe que saliamos y nosotras no eramos TAN despampanantes como lo habiamos propuesto, ella si. Y a mi me daba na bronca tremenda y queria que nos vayamos. Igual, mi inconsciente fue sumamente generoso. Claro está que ella no podría llegar a esos grados de despampanantés. Nosotras, si!
juejuejeu

Marto dijo...

Mierda!!... vos querés seccionar mi cabeza como sí fuera una naranja...
No sé por qué puta razón me situe en una típica confitería yanqui (de esas que tienen marquesinas de neón con una o dos letras quemadas, fundidas). La "mujer-pulpo" por momentos era Rocío Guirao Díaz y de a ratos se convertía en Ursula (la mala de la Sirenita). Será una retrogresión??... Rocío Guirao Díaz fue ícono durante mi pubertad y calculo q nadie de nuestra generación pudo quedar exento de las películas de Disney.

Se que, después de esto, no tengo autoridad para decirte que sos anormal. Así q me voy con el rabo entre las patas como el perro del chavo...

chau locaaaaaaaaaaaaaa!!