lunes, 10 de noviembre de 2008

Post ideal para revista Cosmopolitan

Advertencia: este post puede sonar muy hueco, pero no lo es. Seguramente después de leerlo se le revelará algún que otro misterio de la naturaleza.

A pesar de no gustarme mucho hablar por teléfono, hoy mantuve una charla bastante larga con mer en la cual tocamos temas fundamentales.
Le contaba que hoy iba caminando por la calle después de probarme un pantalon lindo que me quedaba horrible y pensaba no sólo en el antojo de ñoquis que tenía, sino también en que estaba bastante subida de peso en relación a los meses anteriores. Como estoy intentando actuar a favor de las buenas ideas (dejé de fumar hace un mes y medio y empiezo natación dentro de muy poco) antes de llegar a casa pasé por el gimnasio que queda a la vuelta, característico por sus paredes de vidrio las cuales permiten que cualquier peatón mire lo que sucede dentro, y averigué todo. Mientras me dirigía al chino a comprar los ñoquis, queso rayado, y alguna que otra cosa más, me decidía si iba a hacer G.A.P (gluteos, abdominales, piernas) o si me convenía hacer otra cosa.
Jamás tuve constancia para las cosas relacionadas con la actividad física y menos que menos para el gimnasio. Pero acá estoy grabandome un compilado de musica power (entre ellos, marilyn manson) para ir al piso 8, piso común de mi departameno, a usar los aparatos y ver si se puede hacer algo al respecto.
Mientras, degusto los restos de helado de frambuesa, menta granizada, melón y chocolate blanco.

miércoles, 22 de octubre de 2008

¿Sábes lo que sueño a veces? (Pausa) Lo que sueño a veces, Willie (Pausa). Que vienes a vivir a este lado donde pueda verte (Pausa, se vuelve al frente.) Sería otra mujer (Pausa). Irreconocible (Se vuelve ligeramente hacia él). O sólo de vez en cuando, que vienes a este lado sólo de vez en cuando para que disfrute con tu presencia.
Pero no puedes, lo sé. Lo sé.



* Los días felices, Samuel Beckett.

domingo, 12 de octubre de 2008

casualidad

Pensamientos fugaces

La otra vez (en el entierro) pensaba, el pasto cortado prolijamente, como en las canchas de futbol (los ataudes también impecables) y toda la gente (no había mucha) pensando en el pasto (que estaba bien cortado)
Los caminos limpios, el cielo sin una nube y el ataud con el manto rosa. La despedida de Julieta a Romeo. El auto negro y

los destinos excesivos.


desde el resentimiento dijo:
no me gusta la gente que mira demasiado. La otra vez me sentí incómodo y observado por gente que no me conoce. Sentí verguenza y me irrité porque no quería ni sentía aprecio por (casi) nadie.
pocas personas en aquel lugar me importaban. Crucé un par de palabras absolutamente vacías y me volví cínico. Soberbio. Decidido a dar la vuelta e irme con la misma indiferencia con la cual había entrado, la sensación de vacío impidió mi partida y -en lugar de huir de aquel lugar repleto de miradas mentirosas- me quedé un rato más, contemplando con disgusto aquel círculo idiota.







Merezco este dolor de muelas-

sábado, 11 de octubre de 2008

domingo, 28 de septiembre de 2008

[...]

En aquella calle no había muertos enterrados en el aire. En aquella calle había una mujer con nueve hijos, gorda, con ancas de mono blando, cruel, que robaba en el peso con una balanza falsa, tenía un tajo, era una continuación de carne que vendía, ella. Se sentía la conexión clara entre la carne de animales enteros y la carne de aquella mujer cuando ella tomaba la enrome cuchilla y cortaba:

- ¿Es suficiente así?

Y ella trataba mal a los más débiles, y adulaba a los otros, era igual a muchos, pero era gorda y fea, tenía nueve hijos, y a veces los torturaba con pequeñas cosas, insignificantes.

Cuando encontraron al viejo en el basurero (después de buscarlo tanto) esa mujer pensó sin decirlo: ¡el viejo no compraba carne desde hacía años, no tenía dientes! Y este pensamiento le dio deseos de reirse a carcajadas, pero no lo hizo, porque en medio de la confusión del descubrimiento del cuerpo una persona lloraba (era el hijo del viejo) y ella entonces pensó: ¡Esto es algo serio! Y se quedó atenta, sin pensar en nada para no distraerse, observando todo, viendo la tristeza de los otros, a ver cómo era.


*Gonçalo Tavares ("La mujer". Agua, perro, caballo, cabeza.)